12 abril, 2026

EL ÚLTIMO ADIÓS AL PAPA FRANCISCO

UNA MULTITUD SE ACERCÓ A DESPEDIRLO EN ROMA

Se estima en unas 400.000 personas la asistencia de personas que se acercaron con fervor y gratitud a despedir a Jorge Bergoglio: 250.000 al funeral en la Plaza de San Pedro y otras 150.000 acompañaron el recorrido del papamóvil que trasladó el féretro hasta la Basílica Santa María la Mayor.

En su homilía, el Cardenal Giovanni Battista Re, expresó: “Su última imagen, que quedará grabada en nuestros ojos y en nuestro corazón, es la del pasado domingo, solemnidad de Pascua, cuando el papa Francisco, pese a sus graves problemas de salud, quiso impartirnos la bendición desde el balcón de la Basílica de San Pedro y luego descendió a esta plaza para saludar, desde el papamóvil descubierto, a la gran multitud reunida para la Misa de Pascua”.

“A pesar de su fragilidad y el sufrimiento en sus últimos días, el papa Francisco recorrer este camino de entrega hasta el último día de su vida terrenal. Siguió las huellas de su Señor, el buen Pastor, que amó a sus ovejas hasta dar por ellas su propia vida. Y lo hizo con fuerza y serenidad, siempre cerca de su rebaño, la Iglesia de Dios”

Pese a sus deseos de un funeral austero, La ceremonia fue tan solemne como la de sus predecesores, con la imponente presencia de presidentes, jefes de Estado, miembros de la realeza, líderes religiosos de diferentes credos, 220 cardenales (entre los que probablemente se encontraba su sucesor), y 750 obispos y sacerdotes, entre ellos muchos argentinos, liderados por el arzobispo de Mendoza, Marcelo Colombo, presidente de la Conferencia Episcopal Argentina.

Al comienzo de su homilía, el Cardenal Re se expresó en torno a la vida y el legado del papa Francisco: “Un papa en medio de la gente, un papa atento a lo nuevo”. En esta majestuosa plaza de San Pedro, en la que el papa Francisco ha celebrado tantas veces la Eucaristía y presidido grandes encuentros a lo largo de estos 12 años, estamos reunidos en oración en torno a sus restos mortales con el corazón triste, pero sostenidos por las certezas de la fe, que nos asegura que la existencia humana no termina en la tumba, sino en la casa del Padre“.